A él…

A él.

Nunca podré decirte

porque es posible que no lo entiendas

o simplemente ni me creas

que en esta vida mía de fracasos

de deambular en varias direcciones

apurado, cansino, gruñón

en esa búsqueda permanente

de lo que no tengo

apareciste aquél abril de marzo

y te sostuve un instante suficiente

para agradecer a ese Dios

que ya jamás 

dejaría de sujetarte.

Ahora que pienso

en estas noches de vela

cuando el vacío se apodera dentro

que eres tú quien me sujeta

crecido en abriles

caminando en esta vida

que para ti todavía se acorta

pero habiendo sentido cerca

que la mentira es la causa

de cómo quien la busca alcanza

motivo de desdichas varias.

Ahora en lejanía

veo lo que no vi

cuando arropado en ínfulas egoicas

parecía mirar de lejos

a los que me cobijaban cerca.

No trataré de sorprenderte

más sí de no dejar de entregarte

entre versos y dichos

entre frases y suspiros

cansado pero vivo

lo que este camino nuestro

me ha dejado prestado

que no es más que experiencia

y un gran tesoro

Hijo

en forma de hombre.

¿Te habré defraudado?

Todo tiempo dice.

Creí crecer alto

y tú lo crecerás más.

Y sueño siempre

con irme dejándote

al menos la misma talla

que a tus padres

otros dejaron al vivir.

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